Mi?rcoles, 18 de abril de 2012

LA MONJA EMPRESARIA

Nos han impactado con una nueva noticia de corrupción eclesiástica; aunque esto ya no debía llamarnos la atención, en este caso ha sido una monja, que durante décadas se dedicó a vender niños recién nacidos, que previamente robaba a sus madres, engañándolas con la noticia de que su recién nacido había muerto durante el parto.

Si este tráfico de niños, hubiera sucedido en otros ámbitos, se hubiera descubierto inmediatamente, pero en este caso, de nuevo “con la iglesia hemos topado”, lo que pudo paralizar las investigaciones y archivar las numerosas denuncias durante años.

Ahora, poco a poco, la iglesia va perdiendo poder y ya no le resulta tan sencillo paralizar las investigaciones, manejar a los policías y a los jueces.

Sabía la monja muy bien elegir a sus victimas; las elegía entre mujeres con problemas (separadas, madres solteras, adictas a drogas, etc.) y también sabía amenazar en el momento adecuado, así como repartir alguna propina; pequeñísima parte de los honorarios cobrados a la familia de recibe al niño.

La monja, actuaba en connivencia con médicos enfermeras y otros auxiliares, siendo ella la que se encargaba del trabajo más sucio; no sabemos por ahora como hacían el reparto de beneficios, que sin duda eran pingües, sobretodo por los escasos gastos que acarreaba el negocio, esperemos que tras la investigación podamos conocer los detalles con más precisión.

La fiscalía de Madrid ha decidido investigar a sor María Gómez Valbuena por su presunta implicación en el robo de niños ; la fiscalía ha citado a declarar a la religiosa; sor María se ha negado a prestar declaración; pero ahora ha sido acusada de nuevo por detención ilegal en una de los casos denunciados en el juzgado Nº 43 de los de Madrid.

La fiscalía está investigando entre otros casos, la denuncia de Ana María Torres; este caso es de 1.982, en ese año, Ana María era una mujer separada, una victima adecuada para sor María; la engañó y tras dar a luz en la clínica san Ramón, la religiosa le dijo a Ana María, que su pequeño había muerto; el parto había sido atendido por el doctor de esa misma clínica Doc. Eduardo Vela Vela, que también está acusado por decenas de familias del mismo delito que la monja; estamos esperando que el médico sea llamado de nuevo a declarar por la fiscalía de Madrid.

Según los testimonios de muchas madres, había sido esta monja y este mismo médico el que las atendió en el parto y les quitó a sus hijos recién nacidos, valiéndose de todo tipo de amenazas; son 1.500 las denuncias por robo de niños en todo el estado español, la trama fue amplia y extensa, tanto en el tiempo como en el espacio.

La fiscalía de Madrid tiene en sus manos 200 denuncias por robo de niños durante el franquismo y hasta bien entrada la democracia, desde los años 60, hasta los años 80.

Sor María Gómez, fue durante más de treinta años la asistente social de la clínica santa Cristina, perteneciente a la maternidad pública en la calle O`Donnell; en un despacho de esta clínica, recibía la monja a los futuros padres adoptivos, que venían recomendados por la organización “Asociación española para la protección de la adopción” (AEPA) que venía avalada por el estado, por el tutelar de menores, por Caritas, mensajeros de la paz y por otras organizaciones católicas, que mandaban a la moja familias con posibles, que deseaban conseguir un bebe en adopción.

La monja actuaba en connivencia con médicos enfermeras y otros auxiliares

La monja, en su despacho de la clínica, elaboraba las listas para la entrega de bebés supuestamente abandonados por sus madres solteras o con otros problemas, pero lo que se ha podido saber a través de las declaraciones de madres, enfermeras, y otros empleados, es que lo que ocurría en realidad, era que una trama organizada por la monja, pero a la que pertenecían, médicos, enfermeras, abogados, notarios, taxistas, empleados de funerarias, etc. Estaban implicados y pertenecían a la trama en toda la nación.

Estos robos se llevaban a cabo desde Bilbao hasta Granada, la trama tenía delegaciones en casi todas las provincias españolas; todas estas clínicas surtían de bebés a la moja, y ella los entregaba a cambio de que los padres adoptivos pagasen una buena cantidad de dinero y en la seguridad de que educarían a los niños en los mismos principios religiosos y eternos de la monja, de sor María.

Sor María, tenía otras delegadas de su misma orden, “Hermanas de la caridad” en todas las provincias y clínicas implicadas, que le ayudaban en su trabajo; no importaba que fueran muchas, había dinero para todas, para la orden y todas las organizaciones religiosas implicadas.

La monja sabía manejar toda la complejidad de aquella enorme red, sabía como manejar a las madres y a sus propios padres, que por deshacerse del problema que se les había venido encima, llegaban a pactar con la monja la entrega de sus nietos, de los hijos de sus hijas.

Disponía sor María, de pisos de acogida para madres solteras o con otros problemas similares, también de pensiones tuteladas para estas futuras madres con problemas ; claro está que en todos estos lugares se impartía y se imponía una práctica religiosa adecuada que supervisaban las propias monjas; por todo ello, los padres de las embarazadas no dudaban en entregar a sus descarriadas hijas en las manos de tan santas mujeres, tan llenas de fe y de piedad.

Cuando se acercaba la fecha del parto, sor María intentaba convencer a las futuras madres con todo tipo de piadosas razones, incluidos los regalos y las lisonjas de todo tipo; en el caso de que las piadosas razones no dieran resultado, la monja tenía otras armas, simplemente tras el parto, informaba a la madre de que su hijo había muerto y que el hospital correría con todos los gastos, incluido el del entierro del niño que había fallecido.

Disponía la monja de un bebé muerto que guardaba en un congelador; este mismo niño era el que enseñaba a todas las desvalijadas madres, que se impresionaban con lo frío que estaba el cadáver.

Mientras, la monja entregaba al niño a sus padres adoptivos, que habían satisfecho las cuantiosas tasas requeridas para el trámite, además de comprometerse a darle la adecuada educación religiosa.

Sor María era conocida en todo el estado español e incluso en el extranjero, donde fueron a parar muchos de los niños robados y vendidos al mejor postor .

Evidentemente todo aquello era un buen negocio; por un lado obtenían dinero para sus obras y el mantenimiento de sus santas órdenes y organizaciones; por el otro se aseguraban de tener nuevos fieles, jóvenes feligreses del futuro, “Todo un logro para la santa madre iglesia”.


Publicado por maollanes @ 20:29
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