Lunes, 28 de diciembre de 2009

Estoy en la iglesia. Un peque?o cuchitril en medio de la ciudad. Con sus escasos seis ? siete bancos y un peque?o altar, este antro apenas logra convencer a cuatro viejas de que vengan de higos a brevas a rezar por sus maridos enfermos o muertos.

?Qu? busco? Busco el perd?n. He pecado, y como pecador, he de confesarme. El cura tiene un aspecto bastante desali?ado, con el pelo negro te?ido, y la cara que, pese a mostrarse delgada, tiene colgando una peque?a papada. Unas peque?as manchitas blancas adornan la sotana, a la altura de la cadera. El confesionario da verdadero asco. Cuando me siento, noto que lo he hecho encima de algo pegajoso. Tampoco es que me importe demasiado.

- Hola, padre.

Una tos seca se oye, dando paso a la voz del cura, cascada por el alcohol, el tabaco y qui?n sabe qu? m?s.

- Hola, hijo m?o. Ave Mar?a pur?sima.

- Padre, busco perd?n, porque he pecado.

- Golfo del Diablo. ?Cu?ntas van ya?

- Este a?o van cinco. Ja, ja, ja. Cinco ?ngeles ca?dos.

La voz del cura cambia, mostr?ndose m?s jovial.

- Hijo de la gran puta. Llevas una m?s que yo


Publicado por maollanes @ 1:00
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