Mi?rcoles, 20 de mayo de 2009

Mucho escándalo han hecho los obispos y grupos conservadores españoles porque una mujer se embarazó con el procedimiento de selección de un embrión, pues le urgía tener un hijo para usar las células de su cordón umbilical para curar a su hija que padecía de leucemia. La fotografía sonriente de la señora Esther González junto a sus dos pequeñas sanas lo dice todo: logró su objetivo.
Lo que no logró es la comprensión de parte de quienes se supone son los guías espirituales y morales de la sociedad. Como si no bastara el sufrimiento físico, emocional y económico que todo esto significó para la familia, todavía ha tenido que soportar acusaciones casi de asesinato, pues le reprochan “haber destruido a los hermanos al descartar embriones”.
¿Cómo se puede pensar así? ¿Cómo se puede considerar mejor que muera una pequeña de tres años de edad que descartar unos embriones? ¿Son estos señores los que se dicen “defensores de la vida”?
Cuesta trabajo entender el enojo, porque nada de lo que se hizo comete injusticia, ilegalidad, falta de ética o violencia, sino que solamente busca aprovechar los avances científicos para un fin noble. Y por eso la señora González no entiende y se pregunta: “He salvado una vida y dado a luz a otra, ¿qué más se me puede pedir?”.
Conmueve la lucha de esos padres y de otros como ellos. Ese es el verdadero amor, el verdadero respeto a la vida. ¿O acaso lo es negarse a los anticonceptivos y al aborto y preferir que pululen por el mundo niños no deseados, hambreados, violentados, explotados? ¿O impedir a los viejos y enfermos decidir terminar con su sufrimiento y morir? ¿O hacer todo por impedir a la ciencia y a la técnica que traten de resolver problemas y de mejorar la vida de los seres humanos, animales y plantas?
Pero eso han hecho siempre los dueños del poder espiritual: en el siglo XIX amenazaron con la excomunión a quien aceptara ser inoculado contra la viruela, en el XX se opusieron a los trasplantes de órganos y hoy atacan a los avances genéticos para curar enfermedades, darle hijos a quienes no pueden concebirlos, salvar especies animales en extinción. Estos señores y sus homólogos en otros países del orbe ven obra del diablo en el afán humano por salir de la miseria y el dolor. Les molesta la capacidad de la ciencia para lograr lo que, según ellos, sólo está en manos de Dios. En realidad lo que temen es perder su poder de imponer un modo de entender las cosas y de que se lo considere el único, el correcto, el adecuado. Pero quienes así piensan son en el fondo los que menos creen en Dios, porque si creyeran sabrían que el Creador le dio a los humanos la facultad de pensar, descubrir, imaginar y discernir y que sólo él puede determinar hasta dónde esto va a llegar.
En este día en que se honra a los muertos, quise recordar este caso porque me parece que honra a quienes tienen la grandeza de luchar por la vida, en serio y en su sentido más profundo. Dicen los purépechas que los muertos pasan a un plano superior, pero personas como éstas ya están viviendo en él.
Publicado por maollanes @ 20:49
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Publicado por monje_roj0
Jueves, 11 de junio de 2009 | 16:46
Necesariamente, el respeto a la vida, reside necesariamente al respeto a la libertad del individuo para hacer, libremente lo que quiera consigo mismo. De esto hablar? proximamente con detenimiento en un articulo, ya que el tema es extenso.
Disponer de una moral llevada a cabo por dogmas, es lo contrario a libertad, y por ello, en nada respetan a la vida, los orondos purpurados.