Jueves, 12 de marzo de 2009

El Barça liquida al Olympique con un primer tiempo memorable

  1. • Henry, Etoo y Messi sentencian el duelo con cuatro goles en 43 minutos
Henry y el defensa italiano del Lyón Fabio Grosso se disputan el balón. Foto: EFE / ALBERTO ESTÉVEZ
Henry y el defensa italiano del Lyón Fabio Grosso se disputan el balón. Foto: EFE / ALBERTO ESTÉVEZ

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JOAN DOMÈNECH
BARCELONA

Visto en la globalidad de la jornada, tal vez el meneo que le ha dado el Barça al Olympique de Lyón carezca de valor. Pero el Camp Nou ha contemplado esta noche una exhibición de fútbol monumental.

No es nada sencillo meter cinco goles a ningún equipo, y menos en la Champions, y menos ante el heptacampeón de
Francia, y menos a un conjunto bien puesto, bien trabajado y con una propuesta atractiva. Pero acompañar la goleada con un juego espectacular, vertiginoso, de una intensidad incomparable, solo está al alcance de auténticos equipazos.

Y el Barça es un equipazo. Por la delantera que tiene, que reúne imaginación y gol y que hoy ha sentenciado la eliminatoria de un plumazo, con cuatro goles en los primeros 43 minutos, ahuyentando cualquier asomo de incertidumbre.

Pero también porque el resto del equipo juega como los ángeles, porque facilita que los atacantes se pongan las botas, dándoles asistencias maravillosas y apretando al rival hasta la asfixia.

A la virtud de saber mover el cuero como los ángeles, la técnica y la inteligencia que tienen Xavi e Iniesta, se une el espíritu luchador y solidario que les ha inculcado Guardiola.

A todos. A ellos, a los pequeños, los menos avezados en la refriega y el derroche físico, valientes que no se arrugaron ante los palos que ha repartido el Olympique, como en el partido de ida, y también a los delanteros, que lucen a ojos del mundo la etiqueta de estrellas y que son los primeros en echarse encima de los defensas rivales para mantenerlos a raya.

Una presión agobiante

Porque este Barça que arranca aplausos unánimes por la estética, también se los gana por la presión colectiva que ejerce sobre el adversario que tiene el balón, con las carreras que se da cualquiera de sus hombres por recuperar el cuero, desde Touré hacia una esquina del campo a Alves, insensible al cansancio cuando la pelota rueda ante sus ojos.

El once de Guardiola se ha ganado a pulso el reconocimiento unánime de la hinchada, que hoy ha propiciado la segunda mejor entrada de la temporada y los elogios que cosecha, aunque todavía tiene pendiente un pequeño problema por resolver. Nada preocupante mientras Henry sea el del Arsenal, Etoo no pierda la cabeza y Messi no deje de ser Messi. Es decir, que los delanteros respondan, como hicieron ayer al enchufar a la red los cuatro primeros remates.

Las jugadas a balón parado han vuelto a costar un disgusto, ya que un córner, al filo del descanso, ha afeado una actuación inmaculada.

Un suspiro de fastidio ha alumbrado la reanudación con otro gol del Lyón en un fallo colectivo de la defensa. Ha comparecido el Barça demasiado relajado, reconfortado con su intachable trabajo, convencido de que había aniquilado al rival.

Pero los franceses han enseñado las garras con un impetuoso ataque, el único que han sido capaces de construir, más allá de dos contragolpes que no han llegado a nada ante la solvencia de Márquez y Piqué. Los dos centrales han sido un muro infranqueable ante un Benzema que se ha arrastrado.

Leña francesa

El Lyón ha propuesto una pugna individual en todas las esquinas del césped. Como equipo se ha sentido inferior. Uno contra uno lo ha sido. Infinitamente. Xavi e Iniesta no admiten parangón. Tampoco los tres delanteros del Barça, y como el juego se ha dirimido en la mitad de cancha francesa, no ha habido más réplica francesa que los mamporros indiscriminados. Ni así ha habido manera de frenar al Barça hasta el final. Ha salido Keita y ha despedido con la manita al Lyón hasta el año que viene.


Publicado por maollanes @ 1:23
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